4 de julio de 2009

Oda a una estrella // Pablo Neruda

Fragmento Oda a una estrella
Asomando a la noche
en la terraza
de un rasca cielos
altísimo y amargo
pude tocar la bóveda nocturna
y en un acto de amor extraordinario,
me apoderé de una celeste estrella.
.
Negra estaba la noche
y yo me deslizaba
por la calle
con la estrella robada en el bolsillo.
De cristal tembloroso
parecía
y era
de pronto como si llevara
un paquete de hielo
o una espada de arcángel en el cinto.
.
La guardé
temeroso
debajo de la cama
para que no la descubriera nadie,
pero su luz
atravesó
primero
la lana del colchón,
luego
las tejas,
el techo de mi casa.
.
Siempre con esa luz
de astral acetileno
que palpitaba como si quisiera
regresar a la noche,
yo no podía
preocuparme de todos
mis deberes
y así fue que olvidé pagar mis cuentas
y me quedé sin pan ni provisiones.
.
Mientras tanto, en la calle,
se amotinaban transeúntes,
mundanos vendedores
atraídos sin duda
por el fulgor insólito
que veían salir de mi ventana.
.
Entonces
recogí otra vez mi estrella,
con cuidado la envolví en mi pañuelo
y enmascarado entre la muchedumbre
pude pasar sin ser reconocido.
Me dirigí al oeste,
al río Verde,
que allí
bajo los sauces
es sereno.